BIOGRAFIA
DE JULIO ROMERO DE TORRES
Al igual que sus hermanos, Julio fue
formado por su padre, el conocido pintor Rafael Romero Barros. De los tres fue
el que llegó al nivel más alto. Su pintura recorrió, además
de España, el mundo, siendo en Buenos Aires donde el éxito lo sorprendió.
Al morir, su familia no quiso vender sus obras y las donó al Ayuntamiento
de Córdoba. Sus pinturas pueden ser vistas en el Museo Julio Romero de
Torres, de esa ciudad. Pintar para alcanzar la gloria Julio Romero de
Torres nació el 9 de noviembre de 1874, en Córdoba. Hijo del conocido
pintor Rafael Romero Barros, quien además era el director del Museo Provincial
de Bellas Artes de Córdoba. Julio comenzó su aprendizaje
bajo las órdenes de su padre en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba
a los 10 años. Sus otros dos hermanos -Rafael, que murió joven,
y Enrique, que fue galardonado con la Medalla de Bronce en las Nacionales de 1901
y 1904, y que llegó a ser un destacado crítico de arte e historiador-
también fueron formados por su padre. Siempre incentivado por su
padre, Julio participó en todos los acontecimientos artísticos de
Córdoba y de España. En el año 1895 participó en la
Nacional en Madrid, donde recibió una mención honorífica.
También participó en las ediciones de 1899 y de 1904, donde fue
premiado con la tercera medalla. En esta época inició su trabajo
como docente en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba. En 1906 se
marchó a Madrid, y después realizó viajes por toda Italia,
Francia, Inglaterra y los Países Bajos. En 1908 obtuvo su primera medalla
en la Nacional con su cuadro "Musa gitana". También recibió
el primer premio en la Exposición de Barcelona de 1911 con el "Retablo
de amor", y dos años después en la Internacional de Munich.
En la Exposición Nacional de 1912 la obra de Julio no fue reconocida.
Lo mismo ocurrió en la Exposición de 1915, por lo que decidió
retirarse de forma definitiva de las Exposiciones Nacionales. En 1916 comenzó
su labor como catedrático de Ropaje en la Escuela de Bellas Artes de Madrid,
y se instaló en la capital. A partir de aquí, comenzó a representar
su obra en diversos certámenes internacionales llevados a cabo en París,
Londres, etc. En 1918 realizó una exposición individual en
el Majestic-Hall de Bilbao, donde tuvo un notable éxito con "Carceleras"
y "La saeta". El reconocimiento internacional llegó al año
siguiente, con la obra "La musa gitana" exhibida en una Exposición
de Arte Español en París. Sin embargo, su gran momento de éxito
lo protagonizó en Buenos Aires, en el año 1922, inaugurando una
exposición. Fue miembro de la Real Academia de Córdoba y
de la de Bellas Artes de San Fernando. En 1929 exhibió su obra en la Exposición
Iberoamericana de Sevilla en 1929. A principios de 1930, Julio Romero de
Torres volvió a Córdoba para tratar de recuperarse de una dolencia
hepática. Pintó, entre los meses de enero y febrero, la que fue
su última obra y la más célebremente conocida, "La chiquita
piconera". El 10 de mayo de 1930 murió en su casa de la Plaza
del Potro, hecho que conmocionó a toda la ciudad. Por eso, en señal
de luto fueron cerrados los comercios y las tabernas; y su féretro fue
expuesto en el Museo Provincial. Su viuda, Francisca Pellicer, y sus hijos
-Rafael, Amalia y María-, tomaron la decisión de no vender ninguna
obra del pintor. Su anhelo era reunirlas en un museo dedicado a su memoria. Fue
así entonces que la familia donó al Ayuntamiento de Córdoba
los lienzos que el artista había presentado en la Exposición Iberoamericana
-celebrada en Sevilla el año anterior-, y de esta forma se constituyó
en depositario de dicho legado. Todo su arte se encuentra en Córdoba en
el Museo Julio Romero de Torres. Sus primeras obras están marcadas
por un realismo de contenido social, además de por el impresionismo y el
modernismo simbolista. Su pintura se inspiró en las corrientes pictóricas
de finales del siglo XIX. Entre las pinturas más destacadas se encuentran:
"Amor místico y amor profano", "El Poema de Córdoba",
"Marta y María", "La saeta", "Cante hondo",
"La consagración de la copla", "Carmen", y por supuesto,
"La chiquita piconera". Fuente: Revista |